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lunes, 19 de abril de 2010

JOSEFINA PLÁ - ÑANDUTI - ENCRUCIJADA DE DOS MUNDOS / Fuente: COLECCIÓN DEL MUSEO DEL BARRO en el MUSEO FERNÁNDEZ BLANCO (ARGENTINA)

INVESTIGACIÓN de
JOSEFINA PLÁ
(Enlace a datos biográficos y obras
En la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )
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ÑANDUTI - ENCRUCIJADA DE DOS MUNDOS
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ÑANDUTÍ, es palabra guaraní. Significa "tela de araña". Este nombre revelador alude a las líneas generales del patrón básico, que recuerdan el trabajo de la "epeira", la huésped infaltable de los huertos y espesuras de todos los climas templados. Y quizá un poco a su técnica (a menos en sus fases iniciales).
Ninguno de los cronistas de los primeros siglos de la historia colonial paraguaya menciona para nada el origen o desarrollo de esta artesanía en el Paraguay. Los inventarios de las sucesiones en los siglos XVI y XVII nada nos dicen del ñandutí; aunque sí dan patético testimonio de la lastimosa pobreza en que vivían los conquistadores, y que de por sí descarta la posibilidad de delicadezas y filigranas encajeras.
Cuando terminando el siglo XVI o comenzando el XVII Ruiz Díaz de Guzmán (1) habla de la destreza de las mujeres paraguayas -criollas o mestizas- en labores de aguja, no menciona cuáles fuesen éstas; pero ahí están, apenas unos años después, las Anuas Jesuíticas primeras (1610) para informarnos de que se trataba de "paños de manos"; toallas "bordadas": una labor doméstica que se hizo tradicional y se prolongó floreciente hasta pasado el medio siglo XIX (2). De otras cosas prescindiría seguramente el conquistador: renunció pronto -a la fuerza ahorcan- a las calzas acuchilladas; pero no renunció al servicio de "aguamanos" aunque fuese en rústicos utensilios de mano indígena: ya que otra cosa no, abundaba el servicio doméstico.
Otras labores femeninas constituyen hasta hoy en el Paraguay caudal tradicional, o por lo menos por tal tenido: el ENCAJE-JU (malla o filet así llamado porque se hacía con aguja enhebrada a causa de la ausencia de navetas) de mallas o puntos sueltos; CROCHET corriente, CROCHET TUNECINO, y hasta ENCAJE DE BOLILLOS (éste actualmente desaparecido). Estas formas de encaje es de notarse que aparecen centradas en pueblecitos que formaron parte de las Misiones, o aledaños. Y tanto es así, que algunas prendas de las trabajadas en esos lugares se llaman, por ejemplo, chales, ponchos o colchas "de Misiones", por el departamento de que proceden.
En cambio, no aparece en esos pueblos el ñandutí. Esto se explica, en parte al menos, porque esas otras labores habrían sido traídas por los emigrantes instalados en esas zonas en los años inmediatos a la guerra del 70; franceses, suizos, alemanes, italianos; en otras palabras, son de origen más moderno.
Tarea espinosa, sin que por ello garantice éxito, fijarla fecha en que este encaje canario prendió, como la "hoja maravillosa"' y echó raíces en la colonia.
Dada la pobreza de la colonia, prolongada durante casi dos siglos, es lógico pensar, como ya se dijo, que ciertas formas de encaje de laboriosa ejecución y no menos laborioso mantenimiento no tuviesen oportunidad de mucho uso, en los primeros lustros sobre todo; aunque las amplias disponibilidades de mano de obra (esclavas) pudieran por otro lado aligerar escrúpulos y preocupaciones respecto al tiempo perdido, con tal de satisfacer un prurito de adorno o arreglo doméstico.
Es evidente que mucha más amplia oportunidad para el despliegue de estos lujos ornamentales la podían ofrecer las Reducciones; en las cuales, si la vida comunitaria era en cierto modo ascética, en cambio ningún adorno era considerado excesivo para el culto. Decimos las Reducciones, y no las iglesias en general, porque los pueblos coloniales encomendados al patronazgo espiritual de clérigos y frailes (franciscanos y otros) participaron forzosamente de la pobreza de su área.
Sólo allí y en la magnificencia que en todo momento se asignó al culto divino, podían haber adquirido vuelo estas labores, cuyo preciosismo y delicadeza las encomendaba de por sí para complemento de vestidura y ornamentos sagrados. Y sin embargo, no poseemos por el momento datos, no digamos suficientes; apenas los iniciales, precisos para esa atribución, al menos en forma definitiva.
De haber nacido en las Misiones este encaje, en efecto, sus maestros tendrían que haber sido los propios misioneros: y aunque hay noticias de que a las Reducciones llegó algún Padre o Hermano canario (poquísimos, por cierto, quizá no pasasen de dos o tres) no hay dato alguno que permita atribuirles la enseñanza de este encaje; el único encaje que mencionan los cronistas es el de Flandes.
En presencia -o en ausencia- de otros datos, algunos llegaron a suponer que el ñandutí pudo llegar al Paraguay interpósitamente desde el Brasil, aunque no explican cómo. Es verdad que hay un región de ese país donde el ñandutí es conocido y practicado con cierta amplitud: concretamente en el Estado de Santa Catalina, en Florianópolis, donde en una "Bolsa de Rendeiras" o "Bolsa de Encajeras", se vende ñandutí.
Pero es significativo: a) que este encaje sea allí conocido como "encaje del Paraguay"; b) que en el mismo folklore que se organiza en torno a esta artesanía en Santa Catalina, aparezca el encaje como procedente del Paraguay. Queda, pues, fuera de duda que el proceso fue inverso: el ñandutí brasileño -como el que podía practicarse en regiones cercanas o fronterizas de la Argentina-es una trasculturación o simple extensión de la artesanía paraguaya. A su vez, y dada la contigüidad geográfica, parecería esta difusión corroborar la existencia del ñandutí como objeto de cultivo en los talleres misioneros, ya que sólo de éstos podría haber pasado a esas otras regiones.
Esta hipótesis desde luego no sería aplicable a otra; regiones de América, el Perú y Bolivia, por ejemplo, donde el “encaje de soles” debió llegar por otras vías, y seguramente en fecha más antigua. Y a este propósito podría emitirse otra hipótesis, lista para retraerse, como antena de caracol, al más leve amago polémico; en el Paraguay hubo, en la primera mitad del siglo XVIII, un contacto con el Altiplano cuyas dimensiones y sentido no hemos podido aún discernir suficientemente, que dio lugar a la infiltración de formas en la imaginería y escultura (pintura cuzqueña, planos de la ornamentación de iglesias, como la de Tobatí). ¿Podría el "encaje de soles" haber formado parte de esta infiltración?
Pero dejando esta espinosa hipótesis, busquemos todavía en testimonios locales algún posible indicio.
Una de las primeras noticias de encajería en las Misiones se hallan en el Padre Sepp (4). "Seis o más indiecitas (muchachas) se ocupan de hacer encajes. Son tan hábiles, que pueden competir con las encajeras holandesas... Mis nuevas albas, de las cuales tengo tres y me las pongo solamente en las más altas fiestas, están guarnecidas desde la cintura hasta el más último ribete con los más finos y hermosos encajes, y es difícil decir si son de origen holandés o paracuario... Llevan a cabo este trabajo sin maestro, solamente deben tener constantemente el modelo bajo los ojos. Si es complicado, lo deshacen" (se entiende, para analizar la forma en que está realizado)...
Como se ve, se refiere aquí el Padre Sepp al encaje holandés (a no ser que la comparación se aplique sólo a la perfección del acabado y no específicamente al encaje, pero el contexto no estimula esta interpretación). El encaje holandés, o sea el de Flandes, viene a ser el de bolillos, cuyo predicamento parece haber terminado en el país con la Guerra Grande; y no el de Tenerife. Tanto más que el Padre Sepp no era español, y en sus actividades artísticas y docentes, según él mismo da a entender en sus libros, se inspiró más directamente en modelos de su patria o países cercanos (como, por ejemplo, al realizar la Virgen del retablo de la iglesia por la Misión de San Juan Bautista por él fundada, de acuerdo al modelo de una Virgen bávara: la Virgen de Altoettingen).
Podría, sin embargo, objetarse que nada se opone a suponer que el Padre Sepp hallase ya instituido el ejercicio del encaje entre las indias de las Misiones, no las por él fundadas, sino las en funcionamiento ya, y que esas obreras continuasen bajo su adoctrinamiento dicho ejercicio.
Pero tampoco hay en el texto nada que pueda apoyar objetivamente esta versión.
En las Anuas y algunos cronistas se encuentran, como ya se dijo, alusiones al ejercicio de labores a mano-las únicas posibles en aquel tiempo y lugar- en Asunción misma, cuando Guzmán se refiere a la habilidad de las doncellas de la tierra en labores de aguja o los Padres de las primeras Anuas a las toallas bordadas que se confeccionaban en Asunción. Pero esas toallas bordadas, cuya tradición se prolongó hasta la época de don Carlos, a la orilla de la Guerra Grande, no eran sino caladas (5) y bordadas (toallas de AOPOÍ) no con encajes, de ñandutí u otros.
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Carpeta realizada en hilo de algodón,
Itaugua, Siglo XIX,
Colección del MUSEO DEL BARRO.
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En las listas artesanales misioneras que se dan en Anuas y cronistas hallamos entre los numerosos trabajadores enumerados el oficio de "encajero" como el de bordador. No se habla de BORDADORAS ni ENCAJERAS, aunque es perfectamente posible que ello fuese un resultado de la forma misma en que se hace la enumeración; las noticias de Sepp no dejan duda acerca de que la mujeres también tejían encajes.
Uno de los aspectos notables misioneros fue el cambio que en la distribución de oficios se realizó al estructurar el régimen laboral y distribución de los trabajos: el hombre en Misiones debió adoptar actividades que en la vida tribal estaban reservadas a las mujeres, como el tejido, la cerámica (aunque hay noticia de que las mujeres seguían participando domésticamente en este trabajo). Oficios como el de BORDADOR Y RESTAURADOR de ROPAS DE ALTAR o de ORNAMENTOS estaban reservados a los varones.
En suma, nada hallamos en la historia o la crónica que nos ilumine acerca de la manera en que llegó acá ese encaje, hasta que el Padre Sánchez Labrador, ya cercana la expulsión de los jesuitas, sin saber el bien que iba a hacer a los desesperados investigadores de dos siglos después, se decide a encendernos una tenue luz.
Al Padre Sánchez Labrador le tocó actuar en Belén (región llamado del TARUMÁ) sobre el río Ypané, catequizando a los mbayá-guaicurúes. Durante su tarea evangélica viajó río abajo hasta Asunción, y pudo asistir en esta capital "a la escena de las señoras españolas que enseñaban a las indias DE SU REDUCCIÓN -con fines prácticos enderezados a la suntuaria religiosa de la misma- a tejer encajes con SOLES y CRIBOS (calados)" (6). Pero dado lo adelantado de la fecha, no podían ya actuar en ellas los contingentes femeninos que llegaron durante el siglo XVI; habría que buscar su origen en alguna familia canaria llegada a fines del XVII (aunque tampoco ningún documento avala esta presunción) o a otras llegadas en principio o durante la primera mitad del XVIII. Ello concuerda además cronológicamente con las noticias del Padre Sepp; aunque, lo repetimos, éste no alude para nada al encaje Tenerife. Un detalle muy interesante - que encaja por lo demás perfectamente en el régimen misionero es que las indias bajaron a la capital a recibir allí la enseñanza del encaje; las maestras no habrían sido admitidas en las Misiones.
Desde luego, la falta de documentos explícitos no es de por sí un argumento decisivo: son tantas las cosas que esos documentos callan, unas veces intencionalmente y otras porque no alcanzaron los que escribieron a pensar que tal cual dato podía resultar necesario y precioso a los que después vendrían.
Que la mujer canaria, por escasa que fuese su número, y tal vez por esto mismo, trasladada de pronto a estas regiones tan diferentes de las suyas, solicitada por tantas dificultades y problemas como suponía la adaptación en aquellos tiempos, se diese a cultivar su encaje típico, es algo tan natural y lógico, que no precisa comentario.
Seguir realizando en país extraño una artesanía consustanciada con un modo regional, es una manera de continuar sentimental, nostálgica y subconscientemente unido a lo que se ha dejado. Así esas mujeres canarias - no se precisaba fuesen muchas, repetimos, bastaría inclusive con sólo una- se encargarían de extenderlo localmente con su ejemplo: la belleza del encaje es de por sí misma un desafío.
Su centro de producción preferente podrían, a pesar de todo ello, haber sido las Misiones. No hay, como se dijo, contradicción entre este hecho y el de la aparición primera del encaje en la colonia. El testimonio de Sánchez Labrador es, a este respecto, significativo.
En la colonia, como ya se indicó, el encaje hallaría menos fácil un cultivo extenso, sin que ello quiera decir que no formase parte de los pequeños lujos hogareños.
En cambio, en las Doctrinas, donde el culto mantenía en constante alerta a los talleres para el mantenimiento y embellecimiento del templo, el encaje era una artesanía indispensable. Los manteles de altar eran siempre numerosos y ricos; la lencería de sacristía, y sobre todo las albas, se cuajaban de encajes (como lo sabemos por testimonio del Padre Sepp; las vestiduras sagradas se procuraba fuesen lo más vistosas y ricas para impresionar al neófito, aunque luego el mismo sacerdote llevase a diario una sotana hecha pedazos). Los encajeros eran así artesanos vinculados al culto. Después de la expulsión, al decaer verticalmente la atención al culto, y por tanto carecer del estímulo de la exigencia inmediata, el encaje desapareció en las Misiones, cesó de ser necesario para cubrir las exigencias de ornato y dignidad cúlticos; en cambio, experimentaría un acrecimiento en la colonia, ampliándose su uso en las prendas domésticas, a favor también del repunte económico a que dio lugar en la colonia la expulsión jesuítica, acompañada de otros factores. Como se ve, son escasos los indicios concretos acerca de la fecha y forma en que el ñandutí -el encaje de Tenerife- llegó al Paraguay.
Lo más interesante en esta artesanía, como ya se ha indicado, es la forma en que ella se ha consustanciado con el espíritu femenino local, que le dio la preferencia sobre otros encajes también realmente bellos, como el de bolillos, y de más fácil ejecución y más prácticos en su manejo doméstico. La adaptabilidad del ñandutí a prendas destinadas al trajín diario es sumamente dudosa. Es un adorno de uso excepcional. Pero es tan bello, que nadie resiste a la tentación de poseerlo y lucirlo en alguna ocasión.
Es cierto que últimamente los TYPOIS o blusas de tradición indígena (en el nombre, no en su gálibo), usadas como prenda típica en los vestuarios escénicos ("danzas folklóricas") han adoptado las mangas de ñandutí, pero se trata de una sofisticación, excusable, si no desde el punto de vista del tipismo, sí de la vistosidad teatral. Los typois tradicionales (7) llevaban las mangas de "encaje-ju", o sea filet, en el cual cada malla entera es acompañada por una malla suelta, que constituye su único complemento, ya que ese filet ya no se borda, pero luce a manera de un tul con notas o nudos, que complementa bien el carácter de la prenda.
La compenetración del ñandutí con el espíritu de la mujer indígena se manifiesta en varios hechos a cuál más significativo. El primero es el nombre.
Ninguna de las otras labores femeninas practicadas localmente desde la época colonial a hacer de ella ocupación y blasón de Itauguá y extenderse inclusive a poblaciones cercanas, como Altos. En esa época, en la cual familias del más b "tela delgada" de algodón (tejida a mano) en oposición al tejido grueso obtenido con fibras asimismo de algodón, y también de caraguatá; distinción que hayamos desde los primeros tiempos coloniales. Y su bordado -técnica y motivos- no ha merecido un título.
Esa transfiguración nominal ha dado lugar a que algunos hayan creído -segundo hecho interesante-en la efectiva existencia de ñandutí como creación indígena: cuestión que resultaría inane discutir, pero interesante como indicio psicológico. Se han creado leyendas en torno al origen del ñandutí; ninguna otra labor de mujer, ni aún la cerámica (la otra ala espiritual femenina, y ésta sí de raíz prehispánica) ha merecido tampoco preocupación alguna en ese sentido.
En esas leyendas algunas sitúan sus personajes en la época prehispánica: hijos e hijas de caciques figuran en ellas, al lado del tigre, la fiera temida por excelencia, y de la araña, animal de difusión universal, y cuya vinculación con el encaje tiene ineluctable raíz analógica. Ninguna de esas leyendas alude al origen hispánico del encaje. Contadas en una u otra forma, en las leyendas aparece siempre una pareja enamorada, y el tigre y la araña son elementos constantes, como el asunto. El cazador enamorado que sale en busca de la piel de tigre; sus restos más tarde son hallados cubierto por una fina tela de araña que la novia obsesa trata de reproducir (8). En una leyenda menos difundida, una india encerrada por la dueña o el dueño cruel en un sótano o cueva, entretiene sus penas imitando la tela que una araña tejió en un rincón.
Pero como se ha insinuado ya, es muy difícil señalar época a estas leyendas, así como el sitio del país en el cual se originaron. Las más han sido "recreadas"; pertenecen al acervo de lo que Bertoni llamó "un deporte literario", en pleno auge durante las primeras décadas del siglo.
La tercera circunstancia notable es la extraordinaria vitalidad de esta artesanía, que atraviesa prácticamente sin menoscabo alguno el incendio, digámoslo así, en el cual desaparecieron tantos rastros del pasado cultural indohispánico: la llamada Guerra Grande.
Es cierto que merced a una simple proporción demográfica en los supervivientes -250.000 mujeres y niños contra 28.000 hombres- las artesanías femeninas sufrieron considerablemente menos que las propias del sexo masculino, que salieron del trance mutiladas o disminuidas en su repertorio de técnicas y motivos. -Sin embargo, la difusión, prestigio y amplio cultivo del ñandutí a partir de la guerra del 70, y sobre todo de 1950 acá, es una prueba fehaciente de ese arraigo, aunque él reconoce además otros factores, muchos de los cuales no podemos analizar aquí.
El último de ellos es el turismo, que absorbe un considerable volumen de la producción. Pero si el turismo explica que haya más bordadoras, sigue sin explicar el hecho de la consustanciación del ñandutí con el espíritu de la mujer paraguaya, y sobre todo su fidelidad a la tradición ante las mismas solicitudes fáciles de la copiosa demanda.
Ahora bien: cuando el ñandutí resurge, lo hace en una región de la cual ignoramos hasta qué punto fuese previamente asiento preferente antes de la guerra, pero resulta curiosa la neta delimitación del área en la cual esta artesanía reaparece, firmemente arraigada, después de la guerra, en esa región cuyo centro es Itauguá. Son localidades que distan relativamente poco de la capital, apartadas del área misionera.
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Encaje en hilo de algodón,
Siglo XIX,
Colección del MUSEO DEL BARRO.
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La explicación de este asiento, en disidencia con muchos de los indicios que acerca de su cultivo preferencial se han expuesto, no es sin embargo incompatible con ellos.
Itauguá parece haber sido -no se han hecho investigaciones específicas al respecto- uno de los lugares del interior del país en donde se concentró (esta palabra tiene un sentido demográfico muy relativo dada la escasa población del Paraguay en la colonia, cuando los censos de Misiones daban una cifra a veces doble de la del área de encomiendas) cierto número de familias patricias dueñas de estancias o comercios. Escritores de hoy (9) afirman que aún actualmente, tras los azares de la devastadora guerra de 1864-1870, las mujeres de Itauguá conservan en su tipo rasgos que las caracterizan como de dominante ascendencia hispánica.
La familia patricia suponía, al estilo patriarcal propio de la colonia, la concentración hogareña de una suma de actividades femeninas: hilado, tejido, bordado, encajería, confección de dulces, canastillas, etc., una preocupación por la comodidad del hogar, y a partir de la fecha varias veces mencionada (mediados del XVIII), también una preocupación suntuaria creciente. En esas preocupaciones suntuarias no es aventurado suponer llegase a tener un papel el ñandutí, sobre todo en los chales y MANTILLAS de abolengo español; las famosas mantillas "de blonda", por ejemplo, podrían haber encontrado un sucedáneo en el ñandutí (la mantilla de ñandutí tuvo hace tiempo rango de prenda tradicional).
En 1868, la población de Itauguá, donde según esos indicios se practicaba con cierta amplitud el ñandutí, se vio obligada a abandonar sus hogares y seguir como las demás por turno los pasos del ejército (fue la estrategia de TIERRA ASOLADA, que dio lugar a la llamada RESIDENTA). La artesanía se desintegró.
Pasada la guerra, afirman esas referencias orales, sólo UNA de todas las tejedoras de ñandutí itaugüeñas sobrevivió para regresar a su pueblo; pero la dedicación y entusiasmo puestos en el trabajo por esa única encajera bastaron para encender en torno suyo el interés y el fervor -justificado además por el estímulo económico-, que revitalizaron la artesanía, hasta hacer de ella ocupación y blasón de Itauguá y extenderse inclusive a poblaciones cercanas, como Altos. En esa época, en la cual familias del más brillante apellido se vieron obligadas a subsistir mediante el trabajo manual, cuyos productos vendían ex esclavas fieles a esos antiguos dueños, el ñandutí halló rápido mercado en la población inmigrante, constituida por gente de empresa y caudales, que acudió al país ya desde 1869. Es también entonces la época en la cual la fantasía y el capricho de la porción femenina de la población extranjera urge la aparición de prendas como sombrillas y abanicos de ñandutí.
Las interrogantes expuestas y otras relacionadas con esta artesanía seguirán sin embargo siéndolo y quizá para siempre, ya que hay poca esperanza de que aparezcan más datos sobre el particular.
Sólo podemos, en suma, afirmar, como hecho categórico y caracterizante, el arraigo profundo, entrañable, de esta artesanía barroca y sutil en la mujer paraguaya. Una artesanía que por esas mismas características pareciera poco a fin a sus coordenadas espirituales. Su arraigo es algo paradójicamente idiosincrásico. Más de una vez al referirme a este encaje he señalado como el rasgo más interesante de su misma existencia y práctica ese hecho, digno de que en él se detengan psicólogos y antropólogos. La perfecta compenetración de estas formas artesanales con el espíritu de la mujer paraguaya, o viceversa, si se quiere.
Por un tiempo quizá esta predilección -es una simple hipótesis, como otras ya enunciadas anteriormente- pudo ser compartida con el bordado a hilos contados, digno éste también de un estudio. Pero hoy, desnaturalizado este trabajo ante la invasión de los más heterogéneos diseños, que desplazan ante la solicitación turística, a los de abolengo tradicional, es el ñandutí, sin duda, el que más nítidamente refleja un temperamento, una sensibilidad y hasta quizá complejos sociológicos que atañen a la mujer paraguaya.
El ñandutí -es algo fuera de discusión-es el encaje de Tenerife; sus esquemas básicos, su logotipo, son inconfundibles. Pero es al propio tiempo algo sustancialmente representativo de lo femenino paraguayo. La araña que teje su tela en perfecta soledad para amparar, proteger y alimentar su prole, halla en él su paradigma, y la propia mujer paraguaya, "padre y madre de sus hijos", al decir de un poeta argentino, duplica la imagen. Pocas mujeres hispanoamericanas podrán ofrecer más copioso caudal de homenajes verbales –poesía y prosa- a ella dedicado por el varón de su país. Pero tampoco quizá otra más sola que ella en los trances cruciales de la vida.
Nunca estuvo esta mujer acompañada por el hombre (con todas las espirituales connotaciones que la palabra compañero supone) en el discurrir de la existencia tribal o cristiana durante siglos: menos aún lo estuvo quizá después de la guerra del 64 al 70, por las razones que se apuntaron. Una guerra en la cual, sin embargo, ella dio a la patria más aún que el hombre. Porque éste dio su vida, pero ella dio la de sus hijos y no regateó la propia. Y si la patria volvió a levantarse, fue en realidad por su esfuerzo y no por el del hombre; entretenido éste, escaso como era su número, en pelear entre sí y matarse en las "montoneras" los pocos que a la guerra habían sobrevivido.
El ñandutí es la geografía-laberinto de la perfecta soledad. El sol o rueda básica repite en el encaje, como en la vida, la ronda cotidiana, iluminando días iguales, que la mujer trata de diversificar, entretejiendo y engalanando sus radios, y dando origen -con el único recurso de la urdimbre- a infinitas figuras inevitablemente estilizadas, a veces en grado u n tanto fantástico, pero que en el subconsciente de la tejedora diseñan su perfecta identidad.
Estos motivos configuran un mundo vivencial, y en él un panorama imagístico y psicológico femenino, donde halla su ámbito la creatividad aherrojada o simplemente no solicitada o estimulada por otras motivaciones extrínsecas. Un mundo de imágenes familiares e inmediatas que dan la medida patética y acariciada secretamente de sus experiencias, de sus nostalgias, de su inmolación cotidiana. Intentemos una división de ellos según su naturaleza:
MUNDO VEGETAL: Flor de maíz, margarita, flor de guayabo, romero, jarrón de flores, palmera, cardo, pasionaria, flor de jazmín, espiga de cebada.
MUNDO ANIMAL: Pajarito, garza, pico de loro, huella de vaca, alacrán, pisada de buey, piky (pececito), rebaño de ovejas, tela de araña, cola de cabra, cola de zorro, garrapata, caracol, abeja, golondrina, murciélago.
MUNDO DOMÉSTICO: Horno de chipa, chipa dulce, abanico, nicho, mortero, cepillo, horno, pequeña arca o cajón , farolito, canastilla.
MUNDO DE LEYENDA: Leyenda de la cruz, leyenda del caraí vosá (10).
PUNTOS DE REMATE O DE RELLENO: Flor de guayaba, punto arroz, cadenilla, cañoto, filete, filigrana.
Afirman los conocedores que existen más motivos aún: no los hemos podido encontrar en las enumeraciones corrientes, pero el doctor Gustavo González, que dedicó mucho de su tiempo al estudio del ñandutí, menciona algunos más.
A éstos hay que añadir algunos que configuran el mundo exterior: tocón (raigón), tacurú (termitera) simple o doble.
Un mundo no sólo limitado, sino desolado. Pues el TOCÓN o sea el raigón de árbol que se eleva como un pedestal arrasado sobre las tierras del ROZADO (devastadas para el cultivo) señala la mutilación emocional, renuncia a todo lo que es libertad en florecer, para sujetarse a la dura ley de la siembra y la cosecha. Los TACURÚS o termiteras señalan la tierra inculta donde el arado no puede penetrar, porque lo impiden esos torreones duros como el granito construidos con arcilla y saliva de hormiga. El símbolo de la desesperanza. Sólo un símbolo se salva en esta serie desoladora: la palmera, oteadora de horizontes. Pero la palmera o el cocotero, que proporciona tantos elementos para la vida cotidiana, techo, paredes, frutas, comida para las vacas y hasta fibras para hilar, puede muy bien ser a la vez un símbolo de ella misma, de la tejedora, generosa y sola siempre en sus múltiples providencias.
El mundo doméstico es tan reducido como el de los objetos, que son otras tantas letras del alfabeto de su servidumbre hogareña. El FAROLITO parco para el alumbrado de las veladas breves; el NICHO o vitrina religiosa familiar, que ocupa sitio de privilegio en la casa con el Santo Patrono más popular o querido: San Francisco, San Antonio, La Inmaculada Concepción ("La Limpia"), Santa Lucía, San Blas... Figuras entre cuya muchedumbre, reciente tajada a cortaplumas y pintada con pintura común, se encuentra a veces alguna pequeña imagen antigua, con el oro original intacto aún en el estofado; reliquia de familia salvada de peripecias innumerables. El VENTALLE, que acaricia con su ráfaga más la llama del fogón que los rostros encendidos de calor, porque abanicarse lleva consigo el lujo del tiempo vacío. El MORTERO, que repica ya temprano su tambor alimentario. El HORNO, que representa el más alto triunfo del ama de casa, depositaria de la receta tradicional del CHIPA (11).
El mundo animal es un mundo de humildad y de pequeñas compañías: la HUELLA que deja el buey - imagen sustituto de la carreta que se va, llevándose al hombre-, la COLA DEL ZORRO o de LA CABRA, imágenes de fuga. El rebaño de OVEJAS mansas, el PAJARITO que canta en el alero; la ARAÑA tejedora -una imagen iterante de ella misma-, el PICO DE LORO (no el loro entero), aquella parte del ave en que se simboliza la nostalgia de una compañía, la nostalgia de una voz, aunque nada diga, o quizá la irónica alusión a las palabras una vez y otra vacías del hombre que siempre les mintió. El ALACRÁN y el MBOPÍ o murciélago, criaturas cada cual en su escala -moda grata, pero con las cuales está acostumbrada a encontrarse a menudo: insertarlas en la lista de sus imágenes estilizadas quizá tiene algo de liberación de una obsesiva presencia o de una propiciación.
El mundo vegetal es también familiar y próximo. La MARGARITA, devanadora de sueños; el CARDO, que pincha, pero cuya fibra también sirve para tejer (sirvió en la preconquista y sirvió después en épocas en las cuales faltó el algodón y quien lo cultivase); la PASIONARIA... No hay en la lista flores triunfales. FLOR DE GUAYABO, simétrica y modesta. Ascético -y también exótico-ROMERO, que perfuma. FLOR DE MAÍZ, fea y próvida.
Y el mundo de las leyendas... Tan conmovedor en su escasez. El MILAGRO DE LA CRUZ..., algo a lo cual su fe humilde se prende para seguir luchando todos los días. Y el cuento del robaniños, que es el que puede llevarse lo único que tiene para ella sola y que el hombre, sin embargo, a veces viene a quitarle: el hijo.
Tal vez estas interpretaciones de la raíz subconsciente o simplemente selectiva de los motivos suenen para mu a subsistir mediante el trabajo manual, cuyos productos vendían a ex esclavas fieles a esos antiguos dueños, el ñandutí halló rápido aproximado a su mundo de soledad pronto encontrada y jamás perdida, a su tiempo repetido, hasta calcar un día sobre otro; a su vida girando en torno a una serie siempre igual de trabajos como la sombra girando en torno a su rancho, y que de lo diverso y de la alegría sólo alcanza a captar casi siempre la vaga estela: la "cola" fugitiva del animal furtivo o caprichoso, la pisada que se aleja.
El encaje, en su realización, tiene características operativas discontinuas-distintas de otros encajes, como el CROCHET o los BOLILLOS. Cada elemento de él, aun los más contiguos, es decir, los soles, se ejecuta por separado, sobre un diseño elemental "dechado", esbozado sobre un género fino, que cubre una tela de fondo, perfectamente estirada en un bastidor, sobre el cual -ayudándose con alfileres- la encajera tiende una y otra vez las radios de sus "soles". (Alguna vez hemos visto ejecutar piezas pequeñas sobre almohadillas). Sobre los tensos hilos radiales de estos soles, que forman el contorno exterior de la prenda y sus eventuales divisiones ornamentales internas, la encajera "teje" los diseños elegidos sobre la lista que se dio.
No por eso ofrece dificultad alguna al armaje de cualquier clase de prendas, desde pañuelos a sombrillas, desde manteles a blusas y desde mantillas a sombreros, hasta velos y trajes de novia. Un escritor paraguayo describió a López usando en París una capa forrada de ñandutíes, esto nos parece una fantasía del escritor, pero sería también un ejemplo de lo que con este encaje se puede hacer; como técnica, un forro semejante o más complicado, no plantearía dificultad alguna.
Una vez establecido los límites del diseño mediante un número dado de ruedas, que tanto pueden ser todas iguales como combinadas simétricamente e inclusive distintas todas entre sí (este contorno puede también recibir el añadido de una puntilla o festón igualmente tejido mediante los puntos de remate citados), se tiene la forma global de la prenda (o de cada una de las piezas, que luego se unen como las cortadas en tela). Pero hay que rellenar los espacios vacíos así delimitados, y ello se hace directamente con los puntos que reciben a su vez nombres diversos (estrella, flor de guayaba, filigrana), ya mencionados, y que son totalmente iguales a los empleados en los calados canarios o en el punto de Venecia, según los casos. Esto se realiza sin otro proceso intermedio si la pieza es pequeña, pero si se trata de una pieza de cierto tamaño, como un mantel de té, por ejemplo, en adelante, e inclusive piezas mayores (colchas), entonces se distribuyen las superficies, siempre mediante ruedas tejidas y organizadas en número y forma suficientes para que resulten los necesarios diseños o esquemas internos. Simétricos éstos, cuando la prenda lo es; pero cuando la prenda lo permite o exige por su tamaño, se echa mano de combinaciones inagotables en su número, disposición o conjugación de motivos.
Así, un mantel para té puede estar formado por un círculo central inserto en un cuadrado, que a su vez aparece inscripto en un círculo, y éste a su vez en un cuadrado, etc. Ninguna forma geométrica ofrece dificultades obviamente para su diseño, único o distribuido en superficies simétricas. Si eventualmente la realización de una pieza asimétrica o irregular puede ofrecer mayor atención o trabajo, no la hace por cierto imposible; como lo demuestra la realización de vestidos de novia, por ejemplo.
El resultado es un encaje de transparencia delicada a la vez que de una increíble riqueza en su visualidad (no simple VISTOSIDAD), riqueza en su arquitectura global, como en los detalles. Si hay un defecto de él, como ya se insinuó, es su misma delicadeza: es decir, sus limitaciones prácticas. Cada pieza de ñandutí es un NOLI ME TANGERE. Aun tejido con hilos gruesos, no es para usar con frecuencia. Tejido con hilo tino o seda es algo para ver y no tocar, es un encaje hecho con los cristales de la nieve. Lavar el encaje y hacerlo regresar a su estado prístino de exquisita tersura es labor de romanos. Claro que para ello existe una técnica, pero es una técnica que exige minuciosa atención, esmero y tiempo. Sin embargo, ¿no son las cosas que más empeño y trabajo cuestan las más codiciadas?
El turismo, con sus solicitaciones, ha ejercido su influencia deletérea en más de una de las artesanías locales. El ñandutí hasta ahora es uno de los menos afectados, aunque no ha dejado de experimentar esa influencia, sensible en varios aspectos. Uno de ellos es la multiplicación de las prendas u objetos a los cuales se aplica; esto no afecta al tipismo de puntoso motivos, pero sí vulgariza un poco la labor. La influencia más sensible se pone en evidencia en la introducción-que ya data de algunos lustros-de los hilos ordinarios y sobre todo del color. El ñandutí de hilo de colores – a veces combinados- pierde jerarquía a todas luces. Afortunadamente, el ÑANDUTÍ en blanco o crudo y en hilo fino domina el panorama con su señorío.
El ÑANDUTÍ, repitámoslo, es el encaje de Tenerife, que trasladado a estas latitudes, halla eco y resonancia sutil en el espíritu de la mujer del pueblo. Esta la adopta como un lenguaje por mucho tiempo esperado, en el cual expresar añoranzas, sueños, soledad. "ES EL ENCAJE DE CANARIAS, QUE AQUÍ SUFRE O EXPERIMENTA LAS INEVITABLES MODIFICACIONES TÉCNICAS Y ECOLÓGICAS", dicen los antropólogos. Pero los antropólogos no explican por qué la mujer paraguaya acoge ese encaje como un mensaje inagotable y en él deposita su ansia de transfiguración, de sublimación, que es la poesía. Son muchos los signos de la españolidad en esta tierra que se enorgullece de su carácter mestizo. Pero si hubiese que elegir uno que sea logotipo de esa espiritual dualidad florenciendo integrada, yo elegiría una mantilla de ñandutí.
JOSEFINA PLÁ
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NOTAS
1. Ruiz Díaz de Guzmán. La Argentina. Col. Estrada. Buenos Aires, 1962, página 111.
2. Los ingleses residentes en dicha época, en el Paraguay, hacían gran compra de ellas para enviarlas a sus familiares en Inglaterra.
3. Planta local así llamada porque cualquier hoja de ella arrancada y tirada al suelo, arraiga inmediatamente y brota.
4. Sepp, Padre Antonio. T. II, págs. 261 - 262 (cap. XXXII).
5. Caladas al modo que aún ahora se ve en las camisas de aopoí: sacando hilos en una superficie previamente circunscripta; no sacando hilos a lo ancho para luego urdir en los hilos de la trama, desnudos, diseños diversos (geométricos, florales, etc.).
6. Sánchez Labrador, Padre José: el Paraguay Católico. T. l., Capítulo CCCXXIII, pág. 299. Ed. Universidad de La Plata. Buenos Aires, 1910. El "cribo" tomó su nombre de su semejanza con el tejido (de paja) de las "cribas" o cernedores.
7. La tradición, en este caso, es muy añeja; posiblemente no alcance más lejos del medio siglo XVII.
8. En alguna ocasión (excepcional) la tejedora obsesa es la madre. Sin embargo, cabe anotar que aunque los elementos de la leyenda son indígenas, las pautas de conducta de los personajes no lo son sino muy parcialmente.
9. González, Gustavo: Ñandutí. Col. Biblioteca de Estudios Antropológicos del Ateneo Paraguayo, 1967.
10. Carai-vosá: hombre de la bolsa o saco: robaniños.
11. Bollos de harina de mandioca con queso y manteca.
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Fuente: Catálogo de la exposición de la COLECCIÓN DEL MUSEO DEL BARRO de ASUNCIÓN en el MUSEO FERNÁNDEZ BLANCO de la ciudad de BUENOS AIRES, ARGENTINA – Octubre-Noviembre 1993.
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en la GALERÍA DE ARTES del

miércoles, 30 de diciembre de 2009

PARAGUAY: ARTESANIA Y ARTE POPULAR. Autor: OSVALDO SALERNO / CENTRO DE DOCUMENTACIONES E INVESTIGACIONES DE ARTE INDÍGENA Y POPULAR.

PARAGUAY: ARTESANIA Y ARTE POPULAR
Autor:
OSVALDO SALERNO
CENTRO DE DOCUMENTACIONES E
INVESTIGACIONES
DE ARTE INDÍGENA Y POPULAR.
CENTRO DE ARTES VISUALES
/ MUSEO DEL BARRO.
Fotografías:
Francisco Corral, José Luis De Tone
y Juan Carlos Meza
Asunción-Paraguay,
(1ª edición: 1983 / 2ª: 1986 / 3ª: 1996). 61 pp.

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Edición realizada por el CENTRO DE DOCUMENTACIÓN E INVESTIGACIONES (C.D.I.). Esta institución, conformada por una base de datos, un archivo de imágenes y un centro de estudios acerca del arte campesino e indígena del Paraguay, depende del Centro de Artes Visuales / Museo del Barro de Asunción. La financiación de esta publicación fue hecha por ACCIÓN ECUMÉNICA SUECA (DIAKONIA).
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"Este trabajo de Osvaldo Salerno está orientado a facilitar una información clara y sintética acerca del Arte Popular del Paraguay. Desde sus orígenes y desarrollo en las diferentes épocas, hasta la actualidad, enfoca su problemática en una forma accesible y didáctica. Incluye, además, una clasificación de las artesanías según los materiales y las técnicas utilizadas"

PRESENTACION
** Este trabajo está orientado a facilitar una información básica y resumida acerca de las artesanías populares en el Paraguay basándose en sus características, su proceso de factura y sus áreas geográficas de producción. El enfoque hace hincapié en las artesanías actuales pero se refiere brevemente a sus origines, a su evolución histórica y a su conexión con las tradiciones que, en general, tienen un peso considerable aún en sus actuales realizaciones.
** Admitir el peso de lo tradicional no implica negar la validez de los procesos de cambio que afectan hoy a las producciones artesanales. Estas producciones expresan la dinámica compleja de sociedades rurales cruzadas por modelos de desarrollo económico y por nuevas pautas de conducta socio cultural. Muchos productos artesanales, en efecto, no pueden sustraerse a la influencia de nuevas imágenes, funciones y materiales que la cultura moderna acerca a los lugares más alejados.
** En este texto se trabajan exclusivamente las artesanías producidas por sectores campesinos y suburbanos de la Región Oriental del Paraguay. Obviamente este recorte no significa desconocer el potencial creativo de las etnias indígenas así como el de las varias comunidades de orígen extranjero instaladas en diferentes zonas del país (japoneses, menonitas, alemanes, brasileros, etc.) Sin descalificar, pues, el valor de esas expresiones, este estudio circunscribe su objeto de análisis a la producción específicamente derivada de los procesos de colonización hispánica que, entre el S. XVI y comienzos del XIX, afectaron básicamente el área de influencia de Asunción y las Misiones jesuíticas.
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ARTESANIA Y ARTE POPULAR
** A los efectos de este trabajo, y en sentido amplio, el término "artesanía popular" se refiere al conjunto de manifestaciones producidas como exponentes de su cultura por diferentes pueblos (comunidades, sectores sociales, minorías, etc.). Esto significa que la artesanía popular mantiene lazos profundos con la tradición e implica siempre un cierto elemento de identificación comunitaria (en principio, la comunidad se reconoce a través de su práctica artesanal).
** Ahora bien, no todas las manifestaciones artesanales alcanzan a ser artísticas. Según este criterio, estamos manejando una distinción entre el concepto global de "artesanía popular "y el más restringido de "arte popular". El primero se refiere genéricamente a productos tradicionales realizados manualmente y a partir de un determinado nivel de destreza, ingenio y habilidad. Mientras que el término "arte popular" se aplica sólo a las artesanías que alcanzan determinados niveles de expresividad estética. Definimos acá a la expresividad estética como determinada por la calidad de las formas, el ajuste de las técnicas y materiales y la densidad de los contenidos.
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ORIGENES Y DESARROLLO
** Hasta aproximadamente la década de los años cuarentas, la producción artesanal no despertó en el Paraguay el interés de los estudiosos, los cronistas y las instituciones públicas. La poca importancia concedida a este rubro determinó una carencia a nivel de registros y documentos referidos a los objetos artesanales.
** Esta situación, unida al hecho de que la mayor parte de tales objetos corresponda a productos de uso cotidiano realizados con materiales perecibles, promovió la escasez de piezas suficientes y de documentos que puedan constituírse en bases de un estudio cronológicamente ordenado.
** No obstante, la fuerte continuidad de las formas de la artesanía popular permite un acercamiento a su desarrollo. Es clara la relación formal que existe entre muchas expresiones de la cultura popular actual y las que corresponden a la época colonial y al siglo XIX. Esa relación permite suponer la existencia de líneas comunes de crecimiento.
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A. EPOCA COLONIAL
** A pesar de la confluencia de varias etnias en el territorio paraguayo en el momento de la llegada de los españoles, la colonización recayó en forma sistemática sobre los guaraníes.
** Originalmente los guaraníes practicaban artesanías vinculadas a funciones rituales y utilitarias. Las primeras (las pinturas corporales, el arte plumario y las ligadas a significados mágico-religiosos) fueron erradicadas por el proyecto colonizador por ser consideradas como incompatibles con el mismo, mientras que las segundas, (la cerámica y los tejidos), reformuladas, fueron aprovechadas para las nuevas funciones coloniales. Estas funciones plantearon, a su vez, la incorporación de nuevas técnicas y materiales y el surgimiento de artesanías hasta entonces no existentes, la catequesis evangelizadora promovió el desarrollo de toda una artesanía utilizada para el culto (talla en madera, platería, tejidos y encajes, cueros etc.)
** La mano de obra artesanal del indígena se organizó fundamentalmente de dos formas: la organización civil con ayuda de algunas órdenes religiosas (esencialmente franciscanas) y las específicamente misioneras manejadas por la Compañía de Jesús. La primera, menos rigurosa que la jesuítica, se estableció a través de los talleres de oficio de los pueblos indios (táva). Allí se enseñaba al neófito los oficios orientados a satisfacer las necesidades elementales de la Provincia.
** Ticio Escobar sostiene que como los talleres jesuíticos eran más organizados y sistemáticos en la aplicación del proyecto colonizador, el control era más estricto y, por lo tanto, el margen de creatividad más limitado. En este sentido el autor apunta que es a partir de los talleres de los táva -debido a la flexibidad de un sistema menos estricto en su control y al rápido proceso de mestizamiento que permitía su mayor integración a la población provincial- que se crearon las bases para una expresión propiamente mestiza, surgida fundamentalmente al margen de los programas oficiales tanto civiles como religiosos. Esta marginalidad de la artesanía popular se volvió un rasgo propio de la misma que pasó a caracterizarla desde entonces (1).
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B. EPOCA INDEPENDIENTE (SS. XIX)
** Es probable que el enclaustramiento del país decretado por el Dr. Francia pudo haber provocado el impulso de ciertas manifestaciones artesanales con raíces coloniales a fin de abastecer la demanda local (2). Pero durante su gobierno no se contó tampoco con una política cultural que promoviese expresiones creativas; es más, hay indicios de que ciertas manifestaciones populares habrían sido prohibidos (máscaras usadas en determinadas festividades) y es lógico suponer que la artesanía usada durante la colonia para la suntuaria religiosa haya sido limitada.
** Durante el gobierno de los López, tanto la apertura comercial como la gradual consolidación de un gusto más refinado, aunque promovieran la introducción de elementos importados de Europa y del Río de la Plata (porcelana, loza, tejidos, joyas, muebles) y la difusión de modelos de dichas metrópolis, de hecho no llegaron a desplazar a las artesanías profundamente arraigadas en la cultura local. Es probable, incluso, que el espíritu de lujo y boato -antes sólo ligado al culto religioso- se desplazara también hasta los usos cotidianos de la clase pudiente criolla. Por ejemplo, la utilización del ñandutí y otros encajes, anteriormente usados específicamente como parte del ritual religioso, se habría extendido hasta formar parte del ajuar familiar del criollo. Por otra parte estas condiciones afectarían específicamente a Asunción y sus alrededores y muy difícilmente habrían incidido sobre las artesanías de áreas rurales que siguieron desarrollándose en forma marginal.
** La Guerra de la Triple Alianza (1865-70) significó una conmoción profunda para la cultura paraguaya. Ciertas artesanías sobrevivieron a la destrucción fundamentalmente porque estaban ligadas a funciones utilitarias elementales y, como señala Josefina Plá (3), referidas a la práctica femenina (ya que casi toda la población masculina adulta fue exterminada por la guerra). Así, la cerámica y los tejidos, tradicionalmente a cargo de mujeres, se reponen más rápidamente y crecen con más fuerza que otras artesanías, como la talla y el forjado de metales, practicadas por varones.
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C. EPOCA ACTUAL (S. XX)
** Es probable que desde comienzos y hasta mediados de este siglo la recuperación del progreso productivo (en el que en parte incidieron ciertos movimientos inmigratorios de posguerra) hayan promovido el incremento de aquellas artesanías vinculadas a fines utilitarios. Especialmente la cerámica y los tejidos, de uso personal y doméstico, debieron haber recibido un nuevo impulso no sólo en cantidad sino también en variedad (nuevos motivos y nuevas técnicas, por ejemplo, crochet) a partir del desarrollo de las necesidades dentro de patrones aún tradicionales de consumo.
** Aproximadamente desde mediados de siglo el avance de la utilización de objetos de consumo industrializados y una aceleración del ritmo de urbanización provocan el debilitamiento de pautas socio-culturales campesinas y un gradual y luego acelerado desarrollo de formas de artesanía híbrida que incorpora nuevos modelos, elementos y técnicas. Pero paralelamente se va produciendo un fenómeno de valorización y toma de conciencia de la cultura popular por parte de diferentes sectores de la sociedad y de la administración pública, anteriormente mantenidos al margen de cualquier preocupación por la misma. Esta actitud implica de alguna manera la apreciación de los valores estéticos de la artesanía independientemente de sus funciones utilitarias. Por otra parte, esta situación provoca una nueva demanda y facilita la emergencia de un nuevo mercado. A partir de estos hechos no se buscan tanto los objetos artesanales para ser usados sino en cuanto se los consideran como piezas de colección o elementos decorativos. Este factor que incide en la producción de la artesanía popular presenta riesgos, abre posibilidades y plantea nuevos desafíos a resolver. Por un lado, puede conducir a la proliferación del souvenir turístico o a la producción meramente esteticista despegada de sus funciones originales. Por otro, abre la posibilidad de que se creen respuestas que enfrenten las nuevas situaciones al margen de las alternativas citadas.
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CARACTERES DE LAS ARTESANIAS
A. Según queda señalado las artesanías paraguayas surgen fundamentalmente de un proceso de popularización de los "oficios" aprendidos en los talleres coloniales (provinciales y religiosos). Esta artesanía desarrolla actualmente modelos ya utilizados por los indígenas o iniciados durante la colonia: se mantienen las formas y funciones esenciales con los cambios derivados del desarrollo socio-económico.
Prácticamente toda la artesanía actual deriva de la producida en la colonia.
B. Las artesanías populares son fundamentalmente rurales y se desarrollan dentro de las pautas socio-económicas de cierta población campesina del área oriental del Paraguay como una prolongación de sus zonas originarias: antiguos asentamientos coloniales (periferia asuncena y zonas aledañas a pueblos misioneros).
C. La materia prima utilizada no sufre demasiadas transformaciones; es muy poco elaborada y la tecnología es elemental prescindiendo de todo instrumental sofisticado. Por ejemplo, la característica cerámica popular se elabora sin torno utilizando el sistema del colombín y del modelado (las culturas americanas desconocían originariamente la rueda); al adoptarse la talla fue trabajada con cuchillos elementales, los objetos se realizan en telares sencillos (trama y urdimbre) con hilos hilados a mano y los trabajos en metal se realizan fundamentalmente laminándose por amasamiento de martillado (casi nunca por fundición).
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SITUACION ACTUAL DE LAS ARTESANIAS
** El desarrollo actual de los sistemas socio-económicos y los cambios culturales plantean el problema de la vigencia de las artesanías. Actualmente muchas manifestaciones de las mismas mantienen sus formas más allá de las funciones utilitarias de las que dependían originariamente y continúan con un sentido meramente decorativo o como expresión estética casi autónoma. Por otra parte, la calidad estética de las formas artesanales se ve disminuida en ciertos casos por un nuevo gusto suburbano que aún no ha consolidado elementos propios y, por lo tanto, carece de formas expresivas bien ajustadas (Este fenómeno se produce en parte por la reciente urbanización de zonas aledañas a la capital que conforman con la misma cierta característica continuidad cultural).
** En otros casos, sin embargo, cuando este fenómeno se ha afirmado en cierta tradición, es capaz de producir expresiones con un carácter decididamente propio.
** La situación recién comentada puede ejemplificarse claramente en el caso de la producción ceramística considerada en sus tres áreas de desarrollo actual:
Museo del Barro.
1. TOBATÍ. La práctica alfarera heredada de los pueblos precoloniales se desarrolla en compañías (pequeñas comunidades) alejadas del centro urbano donde conservan pautas socio económicas netamente rurales; acá podemos notar que la producción artesanal mantiene sus modelos tradicionales y sus aportes nuevos con un alto nivel de expresividad.
2. ITÁ es un centro ubicado a 30 Kms. de la capital que últimamente se encuentra sufriendo un acelerado y desparejo de urbanización. En Itá se advierten dos módulos productivos: el primero corresponde a las artesanías ubicadas en las compañías alejadas del centro de la ciudad y algunas, que aún instaladas en el radio pueblerino, conservan pautas tradicionales de producción y un buen nivel estético. El segundo corresponde a la manufactura de artesanas más integradas al proceso de crecimiento y que reciben mayor contacto urbano. En general estas manufacturas acusan una dualidad que se traduce en un deterioro de las artesanías sin lograr que las nuevas formas alcancen un nivel expresivo significativo.
3. AREGUA, ubicado en un radio muy cercano a la capital recibió el contacto de las pautas culturales urbanas en techa anterior y en forma sostenida. Este hecho permitió que dichas pautas fuesen mejor asumidas hasta el punto que haya desaparecido toda cerámica tradicional y se haya generado una nueva cerámica, incluso con una técnica diferente (torno, moldes y pintura sintética), que, aunque manifiesta valores de la cultura ciudadana, en algunos casos ha asimilando los mismos y cuajado en formas significativas y de amplio consumo popular.
(1) V. Escobar, Ticio. "Una interpretación de las artes visuales en el Paraguay". T.I. Colección de las Américas - Cap. IV. Asunción, 1982
(2) Rengger, cronista europeo del siglo XIX, sostiene que dicho enclaustramiento promovió el desarrollo de los tejidos de lana y significó un impulso para la utilización del teñido a base de productos vegetales del país.
(3) PLA, Josefina. Las artesanías en el Paraguay. Comuneros, Asunción, 1969. Véase además de la aut. cit. La cerámica popular paraguaya. Edición del Centro de Documentación e investigaciones del C.A.V. / Museo del Barro. Asunción, 1994.
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CLASIFICACIONES DE LAS ARTESANIAS
** Tomamos como base para esta clasificación el proceso y la materia de elaboración artesanal ya que uno de los principales elementos que definen el carácter de la artesanía es su calidad de objeto producido unitaria y manualmente.
A. TEJIDO: A.1. Lana: a. Ponchos / b. Chales / c. Fajas / d. Mantas / e. Jergas. - A.2. Fibras vegetales: a. Algodón: a.1. Hamaca; a.2. Encaje yu; a.3. Poyvi; a.4. Ñandutí; a.5. Ao poí / b. Tejidos en palma: b.1 Sombrero piri; b.2 Cestos; b.3 Abanicos; b.4 Palmas de Domingos de Ramos.
B. TALLADO: 1. Madera: a. Santería; b. Máscaras / 2. Guampa
C. FORJADO: 1. Oro y Plata / 2. lata
D. MODELADO
E. MOLDEADO
F. REPUJADO
G. TARACEADO
H. PIROGRABADO
I. ILUSTRACIONES:
: 1. Curuzú yeguá / 2. Pesebres / 3. Arquitectura y objetos para el culto funerario
J. FESTIVIDADES PATRONALES.
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Enlace a la GALERÍA DE OBRAS

lunes, 26 de octubre de 2009

JUANA MARTA RODAS y JULIA ISÍDREZ - ESCULTURAS EN CERÁMICA / Premio Principal “Príncipe Claus” 1999

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ARTESANAS:
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Premio Principal “Príncipe Claus”
para la Cultura y el Desarrollo que otorga la
Fundación holandesa del mismo nombre,
patrocinada por el Príncipe Claus
del Reino de los Países Bajos, en 1999.


JUANA MARTA RODAS, ceramista de Itá, es una de las más importantes artistas populares del Paraguay actual.
** Juana Marta Rodas nació en Itá, en la compañía Caaguazú, el 8 de febrero de 1925. En ese sitio aprendió la técnica ceramista de su abuela, María Balbina Cuevas, y su madre, doña Juana de Jesús Oviedo, también ceramistas. Desde los nueve años trabaja en la cerámica popular.
** A los 40 años formó pareja con Juan Vidal Isídrez, agricultor iteño, fallecido en 1969. Con él, Juana Marta tuvo a su única hija, Julia Vidalina Isídrez, nacida en Itá el 16 de febrero de 1967.
** Juana Marta transmitió a su hija el conocimiento y las técnicas de la alfarería, y hoy día ella se dedica a la cerámica como su principal ocupación.
** Es reconocida por la crítica por mantener en sus piezas una fuerte tradición indígena y campesina, recreando formas contemporáneas y audaces, trabajando y conservando una herencia que se transmite de madre a hija, que proviene del mundo indígena prehispánico, participa del mestizaje en el periodo colonial y llega hasta la actualidad. Su trabajo está en colecciones privadas dentro del país y en el exterior, en centros culturales y en museos.
** En relación a su obra, la artista y escritora JOSEFINA PLÁ la llamó MICRO-ESCULTURAS. “Para corroborarlo ahí está Marta Rodas, de Itá, con sus figuras ambiguas en las cuales se manifiesta una peculiar inclinación a la fantasía interesante sobremanera por lo que en ellas late de subjetivo, con desdén de lo decorativo simétrico. IMAGINATIVAS se las ha subtitulado, aludiendo sin duda a su ausencia de modelo actual y nominable. Y son en efecto algo más que reproducciones de un modelo animado y comprobable. Estos modelos han brotado “porque sí”, en una erupción confesional, de lo más profundo de las íntimas napas psicológicas; quisiéramos decir, de la memoria subconsciente; esa memoria de donde brotan los símbolos” (PLÁ, JOSEFINA, LA CERÁMICA POPULAR PARAGUAYA, Universidad Católica “Nuestra Señora de la Asunción”, Asunción, 2006, p.82-83).
** El crítico de arte TICIO ESCOBAR, señala respecto de la obra de Juana Marta Rodas y su hija Julia Isídrez: “Gran parte del arte actual latinoamericano se desarrolla en torno al arte popular o se nutre de su tradición. El Paraguay, país mestizo por excelencia, se encuentra poblado de formas que derivan de la cultura indígena, crecen a lo largo de la Colonia y el periodo independiente y se enriquecen con los conflictos y los desafíos que acerca la modernidad.
La cerámica campesina es una de esas formas privilegiadas de expresión popular. Los originarios indígenas guaraníes ya practicaban la alfarería para usos rituales y domésticos. Durante la Colonia, las misiones jesuíticas y los pueblos provinciales desarrollaron talleres de cerámica en los cuales se forjó una artesanía mestiza, alimentada de la cultura guaraní y enriquecida con los aportes de la colonización y templada con sus desafíos y sus riesgos.
El pueblo de Itá fue uno de los principales lugares de producción ceramística indígena y colonial. Por lo tanto, el mismo fue sede de una antigua tradición que va pasando siempre de madre a hija, porque son las mujeres las productoras de cerámica. Son ellas quienes moldean la pieza con barro, cuecen y decoran las vasijas.
Juana Marta Rodas y su hija Julia Isídrez, continúan esta inveterada costumbre que heredaron de sus antepasadas: abuelas, madres e hijas que iban transmitiendo el secreto del barro y la belleza de sus formas redondeadas a mano y quemadas cerca de la propia casa. Pero todo proceso cultural supone tanto tradición como cambio: se apoya en la memoria colectiva e incorpora las señas de la creatividad personal y la imaginación del artista. Y sucede que Juana Marta y Julia son grandes artistas: conservan las técnicas de las abuelas guaraníes pero saben expresar a través de ellas su propia sensibilidad y las condiciones de su tiempo. Un tiempo cruzado por nuevas imágenes, técnicas y medios de comunicación: Un tiempo animado por sueños distintos. Los artistas deben responder a los grandes desafíos que acerca su presente. Y estas ceramistas lo hacen sin soltar el hilo de la tradición ni abandonar los secretos del oficio: sus cántaros, sus vasos, sus potes y platos adquieren formas e incorporan figuras actuales, hinchan sus contornos hasta el límite, se deforman, olvidan en parte las funciones utilitarias y se transforman en asombrosas esculturas. En objetos caprichosos que, empujados por la pura imaginación y el incontenible impulso creador de estas grandes artistas campesinas, se convierten en verdaderas obras de arte: uno de los testimonios más vigorosos y originales del arte del Paraguay actual y un tributo a su noble historia”.
(Fuente: doña Julia Isídrez)


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lunes, 5 de octubre de 2009

ROSA BRITEZ - ESCULTURAS



Artesana: ROSA BRITEZ
Técnica: Escultura en cerámica