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miércoles, 3 de noviembre de 2010

JORGE BÁEZ SAMUDIO - ARTES Y ARTISTAS PARAGUAYOS - PERIODO RENACENTISTA / Disertación leída en el paraninfo de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales.



ARTES Y ARTISTAS PARAGUAYOS
PERIODO RENACENTISTA
Conferencia de
Enlace a datos biográficos y obras
en la GALERÍA DE LETRAS del
Biblioteca Nacional
Agencia Paraguaya del ISBN
1ª Reedición, con el apoyo de la
Cooperativa Universitaria Ltda.
Asunción – Paraguay,
Noviembre, 2007 (91 páginas)


PRESENTACIÓN DE LA PRIMERA REEDICIÓN
Presentar la reimpresión del libro que nos ocupa, implica entre otras cuestiones relevantes, rescatar una obra de valor cultural y al autor, no solo en lo que podamos deducir de él a través de ésta obra, sino, en un plano más general de ciudadano preocupado por la cultura y sus realizaciones a través de otros escritos. También en este país debemos resaltar y valorar a cabalidad las iniciativas de apoyo editorial y cultural que en este caso nos brinda la posibilidad de reeditar esta obra, por parte de la Cooperativa Universitaria.
JORGE BÁEZ SAMUDIO (Asunción 1897 - 1959+), reconocido como poeta épico, orador y periodista. Fueron sus padres Otoniel Báez y Desideria Samudio, emparentado en primera línea con Cecilio Báez y Juan A. Samudio. Cursó sus estudios secundarios en el Colegio Nacional de la Capital, su participación política y periodística en diarios de la oposición le impiden concluir en la Facultad de Derechos sus estudios Universitarios.
Fundador, entre otros, del "Centro José Enrique Rodó", donde evolucionó como poeta, siendo ya reconocido como aficionado al arte pictórico. Fue fundador y primer presidente en 1923 del Ateneo de la Juventud.
Su labor periodística se puede verificar en "El Nacional" como redactor de "El Diario" en 1939, de "La Razón", "La Unión" y otros periódicos como "El Progreso Nacional".
Sus primeros versos aparecieron en "El Nacional" 1918, siendo su primer libro de versos "Alba Lírica", en 1924; posteriormente "Iris de Gesta" en 1930. A su regreso de la Guerra del Chaco, donde actuó como oficial de reserva, editó "La ofrenda de Leuconoe", una colección de ensayos, así como también "La Torre del Silencio", otros como "Política Paraguaya de la Preguerra" y por último en 1941, el presente título que reeditamos. Ganador de los juegos florales, organizados por El Diario en 1926, en celebración del Centenario del Natalicio del Mariscal Francisco Solano López, con su poema "La Canción de la Epopeya" que consiste en una construcción poética dialogal entre el poeta y el Río, de cuyas largas estrofas extractamos:

EL POETA
Aquí va consumarse la hecatombe  
De la larga porfía
Y a terminas el éxodo doliente        

De la vencida hueste peregrina.
Del pueblo que marchó cargando a caes
Sus muertas ilusiones,
Salvando precipicios, serranías,
Empujado por ráfagas de fuego
Y recias tempestades

EL RÍO
Suena el clarín de ataque
Están los enemigos frente a frente
Sobre el campo dorado

Por el ardiente sol del medio día,
Mas la hueste invasora se detiene
Frente al grupo patético que llega
Henchido el pecho, la mirada ardiente
Luciendo en alto sus filosos sables,
Que dejaron sus tierras desoladas
Como fieros leones al combate.

Como orador conservamos de Jorge Báez, un folleto de su discurso sobre "Gesta de Ytororo" en ocasión de la "Restauración del Histórico Monumento de Ytororo", (Ytororo de Diciembre de 1868. Comuneros S.A. 1973. Biblioteca Nacional).
J. B. fundó y dirigió varias revistas y semanarios, entre los cuales creemos que la más destacada es el semanario "La Hora" por su naturaleza divulgatoria de Literatura y Artes. Jorge Báez se nos revela como el moderno promotor cultural, informando sobre audiciones musicales, presentaciones de teatro, publicaciones de poemas, páginas femeninas; recreaciones y diálogos sobre las cuestiones del Chaco tanto del frente como de la retaguardia.
En cuanto a Artes y Artistas Paraguayos (Periodo Renacentista. El Liberal 1941) cuya reedición nos permite divulgar textos que se ocupan del desarrollo de nuestra cultura y su crítica, nos pareció importante rescatar obras no muy clásicas de esta índole pero que fueron las primeras como "Luchas por la Cultura" de Efraín Cardozo o Josefina Plá". Apuntes para una Historia de la Cultura Paraguaya", en un tiempo en que se empezaba a adquirir conciencia de la cultura como factor de comprensión y desarrollo de nuestro pueblo.
La Biblioteca Nacional, agradece este apoyo de la Cooperativa Universitaria, a su Presidente del Consejo de Administración el Ing. Luis Eduardo Sánchez, a la Arq. Clementa Alegre de Calabrese, Presidenta del Comité de Educación, y a los demás miembros del Comité por recomendar la ejecución de este proyecto de reedición. Al Dr. Jorge Báez Roa por ceder los derechos intelectuales.
Hacemos extensivo nuestro reconocimiento a la Academia Paraguaya de la Historia en la persona de su Presidente el Dr. Washington Ashwell, al Almte. Miguel Ángel Candia y al Ing. Darío González Fiori, por acompañarnos en este y otros emprendimientos, valorando siempre la intención de presentar insumos culturales a nuestros ciudadanos.
RAMÓN ROLANDI TORRES
Director Biblioteca Nacional


PROEMIO
Pudiera decirse que en los capítulos que forman el presente volumen no figuran todas las artes que se desarrollan en nuestro ambiente, ni por consiguiente todos los nombres que representan el arte paraguayo, en sus diferentes ramas. Contra tales objeciones posibles tuve que precaverme para decir, con un criterio que acaso resulte muy personal, que si no me ocupo de otras artes, a pesar de mi deseo (sean ellas prácticas literarias) como de la escultura y del teatro, es porque considero a éstos como artes que no toman incremento en el país de tal manera que se las considere dignamente.
La escultura por ejemplo, no llega hasta hoy a constituir una necesidad de nuestro espíritu público, sea por nuestra escasa educación estética, sean porque los mismos escultores con quienes contamos, no posean la necesaria fe en su arte para persistir en ella, hasta despertar e imponer esa necesidad.
En el primer caso abona nuestra suposición el hecho reciente de haberse consentido, con prescindencia absoluta de un asesor técnico, que se armara precipitadamente un altarcito
STANDARD en el recito del Oratorio de la Asunción y Panteón Nacional de los Héroes, sin proporción ni orden correlativo con el referido monumento. Y ante tal despropósito ¿no sería a caso justo gritar con energía, que en nuestro país existe la tendencia de destruir hasta lo bello?...
En el segundo caso, los primeros escultores que hemos tenido, han desfallecido ante la indiferencia ambiente, o desertado ante el primer fracaso. He ahí por qué una sola manifestación plástica del escultor paraguayo, no ostentamos en honor de los padres de la nacionalidad, ni de los patricios que forjaron sus nombres a los destinos de la patria, no se funde el bronce, ni se esculpe el mármol, menos empleamos la escultura como simple decoración urbana.
Del teatro no me cabe sino emitir igual o análogo juicio. Existe pueblo desbordante de imaginación y de humorismo innato, para la burla incisiva no vuelca en el teatro esas sus peculiares condiciones, sino escasamente, en el idioma vernáculo. Pues la literatura escénica, como es sabido, reviste entre nosotros un carácter dual, obedeciendo al factor étnico y a la expresión bilingüe de nuestro pueblo.
El teatro castellano gira en torno a la crítica social, sin tipificación localista, mientras que el guaraní, que es netamente popular, desarrolla el costumbrismo humorístico, casi siempre alrededor de un asunto circunstancial. Pero ambos teatros son de escaso repertorio.
El mayor obstáculo con que tropieza el desarrollo progresivo de nuestro arte escénico, es la falta de teatro disponible, por causa de los empresarios de CINES que todo lo abarcan y lo absorben. Y esta desestimación de lo genuinamente nuestro produce cierta lasitud en el ánimo de nuestros autores y actores teatrales.
Por otra parte, comprimiendo conceptos sobre el teatro y la escultura juntos diré que ellos se dirigen hacia el gran público, y por consiguiente, para desarrollarse tienen necesidad del apoyo oficial. Pues no porque los artistas formen un ínfimo electorado en el país, el dar impulso a su labor o darles facilidad siquiera, debe faltar en el programa de los gobiernos y partidos nacionales. Una despreocupación por elementos tan educativos, como son esas artes, cuya sola manifestación en las sociedades informa su civilización, sería siempre vergonzosa
Mientras los órganos competentes no se avoquen a ese problema, las referidas artes no reflejarán nuestra vida espiritual, ni podrán merecer la consideración de artes nacionales, sino esporádicas. Sin que esto sea dicho en menoscabo de la capacidad de sus cultores, que aunque pocos, hay entre ellos nombres de indiscutibles méritos.
Finalmente, sólo por el deseo de completar el plan de este trabajo, incluyo en él algunos juicios que ya aparecieron en mi "Ofrenda de Leucorse" sobre algunos pintores, de cuyas obras no tengo por ahora nada que agregar de nuevo, y que por eso los reproduzco tal como aparecieron a su tiempo.
La precariedad cada vez mayor de nuestro ambiente artístico, por el fallecimiento de unos y la deserción de otros artistas nacionales, resta toda fuerza de superación a los pocos que quedan, sin que éstos puedan ofrecernos con frecuencia nuevas revelaciones de su capacidad creadora y tecnológica. Pues necesitamos un centenar de pintores, por lo menos, como de músicos, escultores etc. para que se produzca en nuestro medio un gran movimiento espiritual, dentro del cual se opere la evolución ascendente de nuestras artes bellas, pero, para ello, debe instituirse academias que desarrollen estudios metódicos y científicos, pues el arte sin el apoyo de la ciencia cae por su base.
Con estas explicaciones y juicios sobre nuestros graves problemas artísticos, pongo punto final a la página preliminar de este libro que dedico a los artistas paraguayos.
JORGE BÁEZ


CAPÍTULO I
GÉNESIS DEL ARTE
Me propongo demostrar que aunque las bellas artes nacieron con el hombre, su amplio desenvolvimiento se opera en las sociedades humanas después que éstas hayan llegado a desarrollar todas las otras actividades que señalan derroteros de civilización; es decir que la evolución progresiva de las bellas artes marcha estrechamente unida al desenvolvimiento moral y material de las sociedades.
Para el efecto bastaría recordar, que aunque los griegos, en la antigüedad, fueron los verdaderos creadores de las bellas artes, no avanzaron en perfección más allá de la arquitectura y escultura; y que las artes plásticas en general deben más la plenitud de su desarrollo a los tiempos modernos, y todavía más, a la época del Renacimiento en que aquellas cumplieron en magnificencia y esplendor. Pero para mi propósito que es limitado, no ha menester remontarnos a la antigüedad clásica, ni a la época del Renacimiento, ni menos a otros pueblos que no sea el Paraguay, a cuya vida artística solamente quiere referirme con una rápida ojeada retrospectiva a su desenvolvimiento histórico.
En la época colonial la "turbulenta República Municipal del Paraguay" no ofrecía campo propicio para el cultivo de la inteligencia, ni para otras actividades que no sean las de guerrear con todos y contra todos. Por eso los criollos paraguayos iban a otra parte para fundar Universidades, como lo hizo en Córdoba Hernando  de Trejo y Sanabria o para educarse en ellas, como Pedro Vicente Cañete, graduado en Doctor IN UTROQUE en la Universidad de San Felipe de Santiago de Chile; Mariano Antonio Molas en la de Buenos Aires; Gaspar Rodríguez de Francia y Fernando de la Mora en la precitada Universidad.
No obstante la antigua Gobernación del Paraguay dio al Río de la Plata su primer historiador y cronista con Ruiz Díaz de Guzmán; tuvo Gobernadores ilustres, como Hernando Arias de Saavedra; oradores, como Fernando Mompox, cuyas ideas políticas se anticiparon a su tiempo; y hasta Santos, como el Beato Roque González de Santa Cruz.
Las bellas artes, como la arquitectura, escultura, pintura, música etc. no se manifestaron en la referida época, sino en las Reducciones Jesuíticas, bajo la influencia e inspiración de los PP de la Compañía de Jesús. Y como las Reducciones formaron un mundo aparte en la vida colonial del Paraguay, las artes que florecieron en ellas no se las podrían considerar como patrimonio de nuestra cultura, porque no fueron manifestaciones espontáneas de las poblaciones guaraníticas; ni surgieron por la necesidad social de la época, ni como resultante de la evolución espiritual de un pueblo libre. Muy por el contrario, aquel falso brillo de espiritualidad apenas trasuntaba las aptitudes sobresalientes que poseían los guaraníes, para todas las artes que se las enseñaban. Pero sus obras no fueron sino fruto de la esclavitud y de la más severa disciplina. Prueba de ello es que tras la expulsión de los Jesuitas de toda la Provincia del Paraguay, las Misiones quedaron desiertas, y sus tesoros de arte acumulados sobre la espalda de la indiada esclava se derrumbaron como obras deleznables de una civilización ficticia, cuyas ruinas desoladas son visitadas hoy por los turistas de todo el mundo, como se visitan las milenarias ruinas de Memphis o de otras civilizaciones extinguidas.
Advino la Independencia. Y apareció en escena -aureolado por los prestigios incontrastables que le dieron su energía e ilustración- el Dr. Gaspar Rodríguez de Francia, primero como director civil del movimiento revolucionario en 1811 y más tarde, como Dictador Supremo de la República del Paraguay.
Desgraciadamente la educación del pueblo perdió mucho con su sistema político, defraudándose las esperanzas que hubo de cifrarse en su persona. La sombra del oscurantismo descendió sobre la mente y el espíritu de la Nación por espacio de más de un cuarto de siglo; y sólo al cabo de ello, el Paraguay renació a la vida civilizada, franqueando sus puertos con la libertad de sus ríos para la convivencia internacional.
No obstante aquel Régimen de terror y de ignorancia, no faltaron individuos que, como en la Edad Media, prosiguiesen cultivando su inteligencia, sea en las cárceles, sea en la quietud de los campos, lejos de las perspicaces miradas del Dictador como acontecieron con Mariano Molas y Manuel Pedro de Peña, entre los primeros, y con los hermanos López entre los últimos. Gracias a esta, desapercibidos brillos de la inteligencia, que escaparon a la noche letal de la dictadura, hubo quienes pudieron tomar sobre sí las responsabilidades del Gobierno a la muerte inesperada del temible cenobiarca.
Cerrado el ciclo medioeval de nuestra historia con la muerte de Francia, surgió como en forma providencial la figura consular, diríamos catoniana, de Carlos Antonio López, que una vez electo Presidente de la República, el 14 de Marzo de 1844, obró el milagro del resurgimiento nacional, preparando al país para su libertad y progreso, mediante la educación y el trabajo del pueblo. El Paraguay, entonces, comenzó a desarrollar todas sus energías vitales, que por largos años permanecieron latentes; a transformar en riqueza todo cuanto atesoraban el subsuelo y su flora exuberante; a fomentar la agricultura, y abrir mercados en el exterior.
Desde esa época tuvimos armada y marina mercante, ferrocarriles y líneas telegráficas; minas de explotación y fábricas de pólvora, papel y azufre, arsenales de fundición y obraje de salitre; imprentas y periódicos; Academia literaria e Instituto de Moral Universal y Matemáticas; profesores y técnicos contratados en Europa; arquitecto e Instructores militares; diplomática; y estudiantes becados en Inglaterra y Francia  para estudios superiores.
Durante el mismo gobierno se sancionó la Constitución llamada LEY QUE ESTABLECE LA ADMINISTRACIÓN PÚBLICA DE LA REPÚBLICA DEL PARAGUAY; se reconoció nuestra independencia, y se reorganizó el Ejército. El bardo oriental, Francisco Acuña de Figueroa, dedicó al Gobierno la Canción del Himno Nacional, y el francés Francisco Dupuis la adaptó a la música, que es la misma la de nuestras devociones cívicas. (1) Se iniciaron las grandes construcciones de arte dirigidas por el Arquitecto Alejandro Ravizza, tales como el Oratorio (hoy Panteón Nacional), el Teatro y el Palacio de López, etc.
De la Academia Literaria que dirigía Ildefonso Bermejo salía nuestros primeros vates, como Natalicio Talavera, llamado el "Tirteo del Paraguay", por Olegario Andrade, periodista, como Crisóstomo Centurión y otros, quienes durante la guerra de la triple alianza colaboraban con el presbítero Fidel Maíz en el CABICHU-I, periódico de campamento, de incisivo sabor humorístico.
La música empezaba a arrancar su polífona armonía y a transportar el vago sentimiento de la raza, con las coplas de los rapsodas que recorrían ciudades y aldeas. El músico creador no llegó a aparecer individualmente, sino el anónimo, que se identificaba con la gran masa del pueblo, y se encargaba de dar forma al orto musical de sus entrañas. No se conocía, como desconocemos hasta hoy, la paternidad de nuestro brioso Campamento Cerro León, llamado con razón nuestro "segundo himno", cuyos sones marciales exaltan nuestro espíritu y nos predisponen para las acciones heroicas.

No así el arte del dibujo y la pintura, que tuvo desde el primer momento sus representantes genuinos en Aurelio García y Saturio Ríos, quienes con todo aprovechamiento estuvieron becados en Francia antes de la guerra. Del primero conocemos varios retratos del Mariscal Solano López: uno ecuestre de gran tamaño se encuentra en París, y una miniatura del mismo, en poder de los herederos de López, en Asunción; y dos de más grandes dimensiones se hallan en poder de particulares en la ciudad de Pilar, en uno de los cuadros el Mariscal aparece de pié, vistiendo uniforme de gran parada, (al estilo de Napoleón 1°, visto por David), y en otro, sentado, con traje de campaña.
Saturio Ríos que desde muy joven revelaba aptitudes sobresalientes en el colorido, fue primeramente discípulo del maestro Ravizza y después pasó a Francia. Nos quedan de él dos retratos a la acuarela: uno del malogrado Obispo Diocesano Manuel Antonio Palacios 9 otro del Coronel José María Aguiar. Ambos se conservan en el Museo Godoy.
Al terminarse la guerra del Paraguay, Saturio Ríos se encontraba en Río de Janeiro, en calidad de prisionero de guerra, de donde pasó a ser pintor áulico de la Corte de Pedro 11. Del prestigio que adquirió en el extranjero, como artista cortesano, no pudo sacar partido a su vuelta a la patria, donde vivió desdichado hasta su muerte, acaecida en San Lorenzo del Campo Grande en 1915 (2).
Podíamos citar a algunos más, como Sargas, (Sic), Velazco, Aquino, Cáceres y otros cuyas firmas aparecen al pie de las figuras satíricas del ya citado periódico humorístico, las cuales fueron de trabajo de los mismos no conocemos, ni aun cuando hubiese existido, porque se habría sepultado bajo las ruinas del épico desastre. Ni hace falta conocerlo más, pues que con lo que dejo dicho creo haber demostrado que, como coronamiento de nuestra grandeza material de la ante guerra, comenzaban a insinuarse las diferentes artes bella, cuando la fatalidad torció nuestro destino, para quedar del Paraguay sólo el recuerdo de un pueblo heroico. No digo que el Paraguay desarrolló todas las artes, no. Pues eso no era posible, ni había razón para exigírselo, cuando que apenas había traspuesto los dinteles del período colonial, y todavía más del aislamiento semisecular del resto del mundo. Pero al menos lo que llegó a realizar revelaba ya el germen de una vida nueva, la expresión de un estado anímico, de un anhelo que por fin buscaba dar forma al sentimiento estético que sólo los artistas saben interpretarlo, como su genio les faculta.
Sin embargo, se pretende todavía menoscabar aquella explosión del espíritu nacional, por la falta de libertad. Pero sean cuales fueren las opiniones en contra, lo que resalta en la mente, a través de la visión real del pasado, es que de no sobrevivir la conflagración de 1865, la Nación Paraguaya se hubiese levantado a una prominente altura de civilización en las cuencas del Plata, porque la semilla del idealismo estaba echada en el surco del propio suelo, y su crecimiento y desarrollo, como por una ley biológica, debía desarrollarse y expandirse con el tiempo bajo un clima de paz inalterable, y de la égida de sus gobernantes tan patriotas como ejecutores.

NOTAS
(1) - Existe una profunda obscuridad sobre el verdadero autor de la música del himno, por causa de la gran guerra que todo lo echó en olvido.
Y subsisten aún divergentes opiniones acerca de si su autor fue (el francés) Dupuis, antiguo maestro de las bandas militares en la época de don Carlos Antonio López, o (el italiano) Debali, a quien se atribuye igualmente la paternidad del himno nacional uruguayo. Pero lo cierto que (el paraguayo) Cantalicio Guerrero, inteligente ex-discípulo del primero de los maestros nombrados, fue quien restauró la música del himno en 1883; y posteriormente varios otros músicos la volvieron a arreglar, con miras a corregir sus defectos técnicos y uniformar su conocimiento y enseñanza. (Juan E Pérez) - El Himno Nacional Paraguayo. Su Letra y su Música. Los paréntesis son nuestros.

(2)- Nos refirió don Pablo Alborno, que tuvo oportunidad de visitar al héroe artista en su humilde vivienda en San Lorenzo del Campo Grande, donde sumido en la tristeza de una gran desgracia pasada el resto de su vida. Saturio Ríos vivía en la tiniebla; la noche había descendido sobre, su espíritu y llevaba una existencia casi miserable, en el más completo abandono.
No obstante el desdichado veterano tenía sus momentos lúcidos, durante los cuales departía amablemente con los que se dignaban visitarle. Alborno le había encargado que le coleccionara todos los dibujos que tuviere, para formar de ellos un álbum y regalar al Museo Nacional, a los que había asentido el héroe. Pero en cierta ocasión se le presentó Alborno para retirar lo prometido, y Saturio Ríos que ya tenía en sus manos la colección de sus dibujos, como para entregársela, repentinamente hizo trizas de los papeles y le lanzó a su colega estas tremendas palabras: El Paraguayo no es digno de conservar nada nuestro El espíritu legionarista que cundía, en ese tiempo, en nuestro ambiente, explica la amarga verdad del héroe loco.


SEGUNDA PARTE
PERIODO RENACENTISTA
(Disertación leída en el paraninfo de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, bajo el Patrocinio del Centro de Estudiantes de Derecho)


I
El período de restauración intelectual del Paraguay abarca el último tercio del siglo XIX. Desde 1877, hasta 1889 corresponde al proceso de fundación de la enseñanza media y superior, como posteriormente a importantes centros culturales donde independientemente se agrupaban los hombres de mayor ilustración, para promover en el pueblo la educación integral. Entre estos últimos figuraron el primer Ateneo Paraguayo y el Instituto Paraguayo. No obstante, nuestro verdadero progreso intelectual arranca del primer decenio del presente siglo. Ello determinó la incorporación a la vida nacional, en los diferentes órdenes de su desarrollo espiritual, de los compatriotas que regresaron de los países de civilización avanzada, y que hubieron de dar de sí lo que era urgente e improrrogable en 30 años de estagnación y de aplastamiento moral en que nos sumió nuestro épico exterminio.
El último gobierno del partido colorado preparó esta nueva etapa renacentista con enviar a varios estudiantes becados al extranjero, especialmente a Europa, para cursar estudios de especialización en las diferentes ramas de las ciencias y las artes.
La vuelta de aquellos compatriotas coincidió con el período de organización de los nuevos gobiernos liberales, cuyo advenimiento al poder debieron a la revolución campal triunfante en 1904, y a los subsiguientes golpes de Estado. Esta última circunstancia, influyó tal vez, para que no se los utilizara eficientemente dentro de sus respectivas órbitas de conocimiento. Pues muchos de ellos, aunque volvieron con cierta aureola de bien ganado prestigio, por su aprovechamiento académico, quedaron como asfixiados, porque hallaron un medio todavía enrarecido en lo intelectual y político.
Uno de ellos optó por la extrema determinación del suicidio, porque no encontró la patria que esperaba (1). Y mientras los unos se refugiaban en la docencia, los otros se contentaban con cualquier empleo (extraño a más de las veces a su competencia), los demás tomaban el único camino que le restaba y el de más fácil figuración, el de la política.
He ahí por qué la política ha sido y sigue siendo el tinglado donde se refugian no pocos fracasados, y la anuladora, en cambio, de las más brillantes inteligencias y de los más robustos talentos paraguayos.
Todo se subordina a la política, entre nosotros, no obstante progresamos, porque el progreso es fatal.
No decimos con esto que los importadores de cultura fueran precisamente los únicos que empujaron el carromato de nuestro progreso hacia la civilización, no; pues que nuestras facultades y colegios produjeron igualmente buena partida de tipos intelectuales, que a su vez dieron lustre a la cátedra, al foro y al periodismo; enriquecieron nuestras letras y el parnaso con su musa doliente y heroica. Pero si aquellos trajeron el espíritu de asociación, para que el ejercicio intelectual y las aptitudes artísticas hallasen campo propicio, para su desarrollo; aún cuando esa asociación tuviera que convertirse en comité político (2).

(1) -   Como políticos que éramos, somos responsables de la muerte del Ing. Canclini -nos decía el Dr. Manuel Domínguez-porque no pudimos darle ninguna empresa.
(2)-    El Gimnasio Paraguayo, llamado peyorativamente "centro de la cultural liberal" era en el fondo un comité político, constituido en su mayoría por los ciudadanos formados en el extranjero; y de donde salían los que iban escalando las gradas del Capitolio.


II
Al salvar el pórtico del siglo XX se produjeron dos acontecimientos que trascendieron nuestra cultura y dieron carácter de civilización a nuestro pueblo. Ellos fueron la fundación de la Biblioteca Americana y Museo Histórico y de Bellas Artes, y de la Academia Nacional de Bellas Artes.
La fundación de los dos primeros se debió a la iniciativa particular, y la de la última a los pintores Samudio y Alborno, patrocinada por el gobierno provisional de don Emiliano González Navero. Estos acontecimientos fueron, por su carácter, los primeros que tuvieron lugar en el país en todos sus períodos históricos. Ambos museos, tanto el histórico, como el de bellas artes, encierran tesoros de incalculable valor; pues si el uno nos evoca el pasado de la patria, a través de los despojos sangrientos de las batallas, el otro exhibe a nuestra vista las obras de los grandes ingenios de la pintura, las cuales transportan a nuestro espíritu a un plano superior en el que asiste a una fiesta de emoción indescriptible. Efectivamente, el Museo "Godoy" -como se lo nombra en honor de su, ilustre fundador- posee cuadros del Tintoreto, de Murillo, de Fabretto, de Lanserotto, de Moreno Carbonero, de Rusiñol y de otras glorias europeas; así como una valiosa colección de telas, bustos y estatuas de artistas sudamericanos, inclusivas los nuestros.
La Biblioteca Americana está considerada por el mismo señor Godoy, como una de las más importantes, entre sus similares que existían en Buenos Aires, tales como la de Cárcano, de Zeballos, de Mitre, de Fregueiro y la de Quesada, que actualmente pertenece al Estado Alemán, por donación de su dueño. La Biblioteca Americana consta de 14 a 15.000 volúmenes; y supera a las cinco nombradas, en colecciones de diarios y periódicos antiguos; "entre ellas algunas tan raras que no se conocen más de dos o tres ejemplares completos".
Don Juan Silvano Godoy era la personalidad más interesante del Paraguay contemporáneo. Todas las generaciones que nos sucedan tropezarán indefectiblemente con su rara figura romántica y caballeresca; cuya múltiples facetas irán destacando con más nítidos contornos, libres, como serán, del rencor de sus coetáneos.
Su biblioteca y museo condensan lo que fue su vida de erudito investigador, de batallador y esteta. Cuando ya no le cupo en suerte conquistar el poder por las armas, ni realizar desde el Gobierno sus encumbrados sueños de patriota; libró al servicio público, con singular desprendimiento, su rica biblioteca y valioso museo (ambos formados durante su largo exilio en Buenos Aires), convencido de que ninguno de nuestros gobernantes haría lo que él, sólo con su fortuna privada, para ofrecer a los estudiosos una fuente de ilustración, y para todos sus conciudadanos un lugar de esparcimiento espiritual, con la contemplación de la belleza artística.
La figura señoril del bibliófilo y esteta aún espera de la gratitud nacional la perennidad del bronce en el pórtico de un gran palacio que albergue su biblioteca y museo, y ostente el sello de su nombre.


III
Apenas habían transcurrido dos escasos meses de la inauguración de la Biblioteca y Museo del señor Godoy, cuando se instituyó la Academia Nacional de Bellas Artes, por los ya nombrados pintores paraguayos, quien acababan de regresar del país del arte, como se conoce a Italia por autonomasia. En aquella ocasión, el señor Godoy dijo en su discurso de presentación de los fundadores: "La inauguración del Museo ayer y la instalación hoy de la Academia de Bellas Artes, constituyen la milagrosa piedra angular encargada de vincular nuestra naciente civilización y nuestra modesta vida ciudadana a las existencias soberanas de las grandes naciones que persiguen la conquista de un ideal glorioso, en la realización luminosa y proficua de una misión humanitaria.
"Los mencionados jóvenes fundadores forman parte de esa pléyade de estudiosos que el superior gobierno envió años atrás a atesorar la ciencia y el arte de los insignes maestros del viejo continente. Y dado la aplicación y el ahínco con que nos consta se dedicaron a sus tareas académicas, y el notorio aprovechamiento recogido en sus estudios, exteriorizado en las muchas telas que están a nuestra vista y adornan estas salas, justo es que auguremos placenteros y fecundos resultados a la nueva academia".
Los vaticinios del ilustre orador no desmintieron los hechos, pues que la Academia de Bellas Artes prestó señalados servicios a la sociedad durante cerca de un lustro, con la enseñanza de dibujo, pintura y modelado que daba a la juventud de ambos sexos; y la educación estética que difundía en todos los estratos sociales, con la exhibición periódica de pintura y escultura en sus salones.
Verdad es que su enseñanza no dio todo el fruto esperado, pues que muchos pintores se hubiesen formado en sus aulas, si para dicha profesión se hubiese abierto perspectivas más halagadoras mediante un plan de inmediato fin utilitario. Pero, al menos el mérito legítimo e innegable que le corresponde, están en haber educado, por primera vez a nuestro público, en la apreciación de las obras de arte, por percepción directa; y en cultivar las nobles y elevadas tendencias del espíritu.
La fusión que más tarde se hizo de la Academia de Bellas Artes con el Gimnasio Paraguayo, no implicó una solución de su rol eminentemente educativo, sino que, al contrario, mediante ella se lo incrementó de acuerdo a las exigencias cada vez mayores de nuestra evolución espiritual; y se cohesionaron con ellos todos los elementos culturales del país.
Ahora que han desaparecido la Academia y el Gimnasio, nos queda en cambio el Ateneo Paraguayo, donde alienta el espíritu de los fundadores de aquellos y se prosigue su obra; donde se rinde culto a la Diosa del Partenón, con cuya efigie se blasona, para ampararse bajo su égida los mantenedores del arte y alimentar el fuego del idealismo paraguayo. Pero su reciente fundación, y la falta de un tradición intelectual propia de nuestro país, le privan todavía de llenar las funciones de alta cultura a que se obliga por su nombre, e irradiar, por consiguiente, todas las luces que reflejan el despertar espiritual del Paraguay.
Sin embargo, por su atmósfera de amplia y acogedora cordialidad, cabría en él todas las voluntades patrióticas que deseen dar a nuestra querida ciudad madre, el lustre que van adquiriendo otras muchas, como Bogotá, México y Montevideo, consideradas como las Atenas del nuevo mundo, mediante la influencia de asociaciones análogas a la nuestra, en la directiva espiritual de sus habitantes.
Representa, además, nuestro Ateneo, la independencia espiritual de las propias alternativas políticas y de sus derivadas pasiones avasalladoras, para que un ambiente de serenidad y confianza le traiga el prestigio científico y literario, al par que el artístico, que ya tiene conquistado.


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