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sábado, 20 de febrero de 2010

RESCATANDO LA CULTURA INDIGENA a la Escultora PATRICIA AYALA / Fuente: artículo de LOURDES PERALTA, en el SUPLEMENTO NOSOTRAS del diario ABC COLOR.

RESCATANDO LA CULTURA INDIGENA
EL TRABAJO DESDE ABAJO
Escultora
PATRICIA AYALA
(Enlace a datos biográficos y obras
en la GALERÍA DE ARTES en
www.portalguarani.com )
Fuente: artículo de LOURDES PERALTA,
en el SUPLEMENTO NOSOTRAS
del diario ABC COLOR
del Jueves, 11 de febrero de 2010.

** La escultora Patricia Ayala (52), de la Fundación Madre Tierra, cerró el ciclo 2009 con una de sus valoradas exposiciones de artesanía hecha por los indígenas. “El trabajo de conservación de las culturas primitivas siempre ha sido muy difícil –reflexiona la artista–, los indígenas de nuestro país siguen siendo marginados por ignorancia o por prejuicios”.
** Patricia es bien conocida en nuestro medio por las demandadas “señoras gorditas llenas de hijos” de cerámica. Hoy dice: “Las hice un tiempo; por ahí queda alguna gordita, pero esencialmente soy escultora”. Entre sus grandes obras figura “Nuestra Sra. Aparecida del Lago”, escultura en metal/cemento de 20 metros de altura, situada en la ciudad de San Bernardino. En su haber artístico tiene más de 100 exposiciones hechas en nuestro país y en el extranjero. Patricia y su marido –el también reconocido escultor paraguayo Roberto Ayala– trabajan por y para el arte, sostenidos en el talento que la vida les ha dado. “Nunca estudiamos, somos autodidactas. De Paraguay nunca recibimos ayuda, más bien nosotros hacemos conocer el nombre de nuestro país en el mundo. Sustentamos nuestra Fundación con las obras que vendemos”, dice la creadora con sinceridad y sin deudas. La Fundación Madre Tierra (Asunción) tiene una pequeña sala de exposición de esculturas y es también pequeño centro de distribución de artesanía indígena. “Creemos y trabajamos por una sociedad distinta, más justa, más solidaria y respetuosa de sus raíces; desde hace 25 años acompañamos la recuperación de distintos grupos sociales”. Patricia ha dado innumerables talleres creativos para niños de la calle, reclusas del Buen Pastor y etnias indígenas. Actualmente acompañan a unas 80 familias de la comunidad Mbyá Guaraní del departamento de Caazapá, el más pobre del país.
–¿Qué producen en este momento las comunidades indígenas?
–Los Mbyá Guaraní siempre se caracterizaron por la cestería y tallas de madera; también hacen unas pipas rituales. Los Ayoreos trabajan con la fibra del caraguatá y los Maká (nuestros “fenicios”) venden las conocidas mochilas, bolsos y también cosas que ellos no producen, como las pulseritas con imágenes de santos.
–¿Por qué se fue agotando la producción?
–Todos ellos producen pero en la medida que se les compre. Una de las grandes razones es que al perder su hábitat perdieron también su materia prima, igual que perdieron su farmacología selvática; hay que hacer un trabajo profundo de reforestación. Esos pueblos tienen una presión muy grande de los paraguayos, los brasiguayos que los van corriendo de sus tierras. Hoy el indígena produce para su consumo; no tiene incorporado el ahorro, ni hace más para vender. Si sobra, vende o hace trueque. También vive de pequeñas plantaciones: mandioca, maíz, tabaco, por ahí alguna gallinita, chanchos.
–Sos precursora en este acompañamiento.
“En Paraguay nunca se respetó a los indígenas, y luego vino Stroessner a cercenar toda la sensibilidad y la creatividad que había. ¿Cuánta identificación y conciencia podemos esperar hoy de la gente?”.
–No diría precursora, tampoco me denomino “indigenista”; con Roberto somos escultores inquietos que quisimos investigar sobre el rescate cultural, artesanía, danza, mitología. Para los paraguayos los tallados son solo adornos, pero para ellos tienen todo un significado. También los niños tallan muy bien la madera, aquí tenemos trabajos de ellos. Básicamente tratamos de rescatar lo que las etnias dejaron de hacer o ayudamos en la innovación, y luego les buscamos mercado. Pero el fin es que sean comerciantes independientes, sin intermediarios. A veces los motivos por los que dejan de tejer o tallar son increíbles: “No hacemos más porque se murió el señor que nos llevaba a Asunción con su camión”.
–¿Es posible mantener una cultura pura?
–Potenciamos también la calidad de vida. Por ejemplo con los niños trabajamos con viveros, que no es de su cultura pero les ayuda. Este año sembramos más de 3 mil plantines de yerba, con eso también su maestro (el cacique) les enseña matemática. Y vemos el tema de las comodidades: ellos quieren su televisión, celulares, computadoras. La modernidad está abriendo brechas muy grandes y hay que utilizarla para fortalecer las culturas.
–Pregunta etno-social, ¿esta tecnología no acabará con su identidad?
–No por tener una computadora van a dejar de ser mbyá. Ese problema de identidad, rechazo y complejo lo tienen los mestizos, que desde hace 500 años creen que los indígenas son salvajes.
–¿Cuál es el límite entre ayudar e invadir?
–Si ellos quieren y piden, no los estás invadiendo. Hay otros grupos que viven sin comunicación con la civilización, ellos, por ejemplo, no quieren escuelas, y respetamos eso.
–Ante lo chino, ¿hay esperanza de abrir mercado para la producción indígena?
–Sí, a pesar de que el trabajo de despertar conciencia en la gente es lento y muy difícil. La última exposición para que se conozca mejor la artesanía indígena la hicimos en el Juan de Salazar, y ahora estamos buscando lugares para que estos productos se expongan y se vendan permanentemente.
CINCELADA PERSONAL
“Independientemente del tema indígena, sigo siempre en la línea de patrimonio cultural, hago conservación –que no es restauración–. Ahora estoy conservando un retablo de la época de los Jesuitas, en la capilla de San Josemí, Ayolas”, detalla Patricia.
Con una ideología solidaria, ¿qué más te cuesta enfrentar socialmente?
–Hoy me cuesta tener humanidad, sobre todo con los políticos. Pero aquí seguimos, creyendo que se puede construir una sociedad, no digo “tolerante” –odio esa palabra– sino respetuosa. No sé de dónde saco las ganas de querer ayudar, puede ser porque vengo de una familia muy solidaria.
Madre de varones, todos con carrera humanista.
–¡Más les valía! (ríe) Los 3, Nahuel (sociología), Atahualpa (ingeniería forestal) y Arandú (arqueología) son lo mejor que con Roberto le hemos dado a esta sociedad, porque son hombres sanos de mente y espíritu. 10 de Febrero de 2010
Fuente: artículo de LOURDES PERALTA, en el SUPLEMENTO NOSOTRAS de ABC COLOR del Jueves, 11 de febrero de 2010.

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